domingo, 25 de abril de 2010

CONCEPTO DE EUTANASIA

La eutanasia propiamente dicha es el supuesto derecho a matar, anticipándose a la llegada de la muerte, para suprimir, sin dolor, los sufrimientos de quien se halla afectado por enfermedad o lesión incurables.

En su sentido etimológico la palabra “eutanasia”, deriva de las voces griegas eu, prefijo que significa “bueno”, y “thánatos”, sustantivo equivalente a muerte; por lo tanto eutanasia alude simple y llanamente a “buena muerte”. Pero desde la concepción griega hasta nuestros días el sentido terminológico se ha tornado mas difuso y complejo, aludiendo a “muerte rápida y sin tormentos”, “muerte digna, honesta y con gloria”, y hasta “bella muerte”, pasando por “muerte tranquila y fácil” y “muerte misericordiosa” o “piadosa”, por nombrar algunos de los significados que se le han atribuido. No obstante, si el vocablo mismo ha sido objeto de maltratamientos por el abuso caprichoso del prefijo eu, equiparado a todo lo que podría tenerse por “bueno”, los usos mismos de la palabra eutanasia conducen al observador a la perplejidad por haberse constituido en “paradigma de la ambigüedad semántica”[1]. Más aún, el presidente de la Sala 1ª del Tribunal Supremo de España don Ignacio SIERRA GIL de la Cuesta, citando a Del Vecchio hace notar que a la Eutanasia se la puede definir con carácter general como “una muerte liberadora no de las angustias de la propia muerte, sino de las angustias de la vida”, por lo que es “la acción de acortar voluntariamente la vida del que padece una enfermedad incurable o muy penosa, y lo solicita para poner fin a sus sufrimientos”[2]. Son muchos los que se pronuncian abiertamente a favor de la licitud de la eutanasia por tratarse de un acto de piedad, de quien procede por compasión y accediendo al deseo del paciente desahuciado o de su familia para librarle con la muerte de una vida atormentada y dolorosa. Abiertamente, desde hace algunas décadas, se propone que se produzca un cambio en el pensamiento; así, Antonio BERISTAIN, sacerdote y penalista, en su obra EUTANASIA: DIGNIDAD Y MUERTE, expresa: “La Teología ética y la pedagogía ética han acentuado de tal manera las prohibiciones y los mandamientos-límite que han llegado a ponerse en contradicción con el mandamiento bíblico. Por ello es necesario y urgente que la ética y la teología moral cambien y esto no sólo porque ha cambiado la citación histórica, sino también porque se lo exige la misma fidelidad a la revelación. Tarea renovadora que deberá tener en cuenta tanto la exégesis como la hermenéutica, a fin de no confundir lo perenne y fundamental del mensaje bíblico con los condicionamientos históricos en los cuales este mensaje se expresaba”. Cada vez crece el número de los que están de acuerdo con la eutanasia, y lo hacen porque dicen, está de acuerdo con la moral y el derecho, señalando que para asumir una actitud frente al tema basta responder a una elemental pregunta: ¿Es posible condenar a vivir a aquellos para quienes la vida es un suplicio mayor que la misma muerte?. CUELLO CALÓN, (obra citada, p. 135), recuerda que “Napoleón, prisionero en Santa Elena, acosado por el recuerdo de los soldados atacados de peste en la expedición a Siria y Egipto hizo sacrificar por no poderlos transportar por el desierto, sostenía que no fue un delito suministrar opio a aquellos pobres apestados, sino un acto de obediencia a la razón. ¿Qué hombre no preferiría una muerte rápida a quedar expuesto a las más horribles torturas del bárbaro enemigo?. “Si mi hijo, añadía, y creo amarlo tanto como puede amarse a un hijo, se hallase en una situación semejante a la de aquellos desventurados, creo que debería obrar del mismo modo, y si me hallase yo mismo, pediría que conmigo se obrase así.”. En suma, para los defensores de la eutanasia, la muerte del doliente incurable atormentado por intolerable sufrimiento no es un bárbaro hecho de crueldad, no es un hecho inmoral, sino un acto humanitario y caritativo, en palabras de tratadista español.

Josef FUCHS, profesor de Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (citado por BERISTAIN, ob. cit. p. 9) prueba y aprueba éticamente que la persona puede disponer (aunque no caprichosamente) de su vida; y rechaza la postura contraria y su argumento básico según el cual Dios es el único señor de la vida y de la muerte. Beristain concluye la cita expresando que, según su criterio, “Este argumento carece de consistencia teológica cristiana”.


[1] VERSPIEREN, Patrick: La muerte y el morir en la era tecnológica, Criterio, Bs. As, 1976, pág. 167.
[2] LA EUTANASIA EN EL ORDEN JURISDICCIONAL PENAL, Ponencia publicada en “Cuadernos y Estudios de Derecho Judicial”, edición 2004. Consejo General del Poder Judicial de España.

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